Proyectos IT para empresas: implantación y migración
Un proyecto de infraestructura se juzga por dos cosas: que al terminar funcione lo que tenía que funcionar, y que mientras tanto la empresa no haya parado. Lo segundo es lo difícil, y es donde se distingue a quien ha hecho esto muchas veces de quien improvisa.
Trabajamos con alcance y fechas cerradas, en ventanas acordadas fuera del horario de producción y con marcha atrás definida antes de empezar.
Qué proyectos hacemos
- Renovación y migración de servidores. Sustituir hardware al final de su vida y llevarse encima el sistema, las aplicaciones y los datos.
- Virtualización. Convertir servidores físicos en máquinas virtuales para poder moverlos, clonarlos y restaurarlos. Está explicado en servidores y virtualización.
- Actualización de sistemas fuera de soporte. Windows Server antiguos que ya no reciben parches y son la puerta de entrada más común que encontramos.
- Migraciones a Microsoft 365 desde servidores de correo propios o desde otros proveedores.
- Aperturas y traslados de oficina. Red, wifi, cableado, telefonía y puestos listos para el día de la mudanza.
- Renovación de red y seguridad perimetral. Segmentación, cortafuegos y acceso remoto.
Cómo los planteamos
Primero se mira lo que hay. No lo que dice el inventario, lo que hay de verdad. En esta fase es donde aparecen las sorpresas, y es mejor que aparezcan aquí que a mitad de la migración.
Se define la ventana y la marcha atrás. Qué día, qué horas y qué se hace si a las tres de la mañana algo no responde. Un proyecto sin plan de vuelta atrás no es un proyecto, es una apuesta.
Se ejecuta fuera del horario de producción, con el sistema antiguo todavía disponible hasta que el nuevo está comprobado.
Se acompaña los primeros días. Las incidencias de una migración no salen durante la migración: salen el lunes por la mañana, cuando cincuenta personas usan el sistema a la vez.
Caso real: modernizar un servidor en un entorno industrial
Empresa nacional del sector del embalaje, con planta en Madrid.
El punto de partida. Un servidor HP con Windows Server 2008, sin virtualizar y sin copias de seguridad externas. Un sistema fuera de soporte desde hace años, sosteniendo un entorno industrial (OT) del que depende la producción. Si esa máquina moría, no había de dónde recuperar.
Por qué no fue a la nube. Es la primera pregunta que hace todo el mundo. El entorno OT está aislado por diseño, y aislado tiene que seguir. Aquí la respuesta correcta era un servidor físico nuevo en la propia planta, no una migración a cloud. Vendimos, instalamos y configuramos un servidor Dell.
Qué se montó encima. Virtualización con VMware, para que el sistema dejara de estar pegado al hardware. Copias internas con Nakivo cada hora, y copias externas en un NAS en otra ubicación, que es lo que faltaba y lo que de verdad protege ante un incendio o un cifrado.
La actualización, paso a paso. De Windows Server 2008 a Windows Server 2025, pasando por 2012 y 2016. No hay salto directo: hay que encadenar las versiones intermedias, y cada escalón es una migración con sus comprobaciones. Es la parte que más paciencia exige y la que peor tolera las prisas.
El resultado. El cliente pasó de hardware y software obsoletos a un sistema actual, con copias horarias y respaldo en otra ubicación. Y sin un solo corte en producción, que va de 07:00 a 22:00: todo el trabajo se hizo fuera de esa franja. Después nos contrató el mantenimiento mediante bonos de horas, sin cuota mensual fija.
Lo que apareció por el camino
Esto es lo que casi nunca se cuenta y lo que más define un proyecto real.
Escritorio remoto mal configurado. El servidor tenía servicios de escritorio remoto antiguos y conexiones sin proteger desde terminales de producción. Funcionaba, y por eso llevaba años así. Hubo que securizarlo y ajustar la configuración de escritorio remoto en el Windows Server 2025, trabajo que no estaba en el alcance inicial pero que no se podía dejar como estaba.
Dos NAS Synology sin RAID. Dos cabinas, dos discos cada una, y el RAID sin configurar: un disco de cada pareja simplemente no se usaba. La empresa creía tener redundancia y no la tenía. Se reconfiguró el RAID, también sin cortes.
Ninguna de las dos cosas estaba en el presupuesto inicial porque nadie sabía que existían. Aparecen en la fase de mirar lo que hay, y son la razón por la que esa fase no se salta.
Caso real: alta disponibilidad sin cheque en blanco
Empresa internacional del sector químico, en su planta de producción.
Lo que pedían. Servidores virtuales activos al cien por cien, en infraestructura física —no en la nube— y con un presupuesto acotado. Las tres condiciones a la vez, que es donde la mayoría de propuestas se rompen: la alta disponibilidad de manual pasa por una cabina de gama empresarial que se lleva el presupuesto entero antes de empezar.
Cómo se resolvió. Dos servidores Dell con 256 GB de RAM cada uno, conectados por fibra a cabinas Synology de gama alta con discos SSD, y todo unido por conmutadores de fibra.
La pieza importante no es el equipamiento, es cómo se repartió: cada servidor y su cabina viven en un CPD distinto, unidos por fibra y funcionando en activo-activo. Las cabinas se replican en tiempo real y la conmutación por error es automática. Si cae un centro entero, el otro sigue trabajando sin que nadie tenga que intervenir de madrugada.
Encima de eso, copias de seguridad cada hora en una tercera cabina Synology dedicada solo a respaldo. Conviene distinguirlo, porque se confunde constantemente: la replicación protege de que se caiga una máquina, pero replica igual de rápido un borrado o un cifrado. La copia es lo que permite volver atrás en el tiempo. Hacen falta las dos.
Lo que más costó. No fue montarlo. Fue ejecutar y documentar todas las pruebas necesarias para que el sistema quedara validado. En un entorno industrial regulado no basta con que funcione: hay que demostrar que funciona, caso por caso, y dejarlo por escrito de forma que resista una revisión. Es un trabajo lento, poco agradecido y que casi nunca aparece en el presupuesto de quien no ha trabajado en estos entornos.
Preguntas frecuentes
¿Hay que parar la producción?
Se planifica para que no. El trabajo se hace en ventana acordada, normalmente de noche o en fin de semana, con el sistema antiguo disponible hasta que el nuevo está comprobado. En el caso de arriba la producción va de siete de la mañana a diez de la noche y no se paró.
¿Y si mi aplicación es muy antigua?
Es lo habitual en entornos industriales y no siempre es un problema. Se comprueba antes de mover nada si soporta el sistema de destino, y cuando no lo soporta se busca la vía intermedia, que puede ser mantenerla aislada en su propia máquina virtual.
¿Trabajáis con entornos OT o industriales?
Sí. Tienen reglas propias —aislamiento, equipos que no se pueden tocar, ventanas de parada muy estrechas— y conviene decirlo al empezar, porque condiciona todo el diseño.
¿Hay que contratar mantenimiento después?
No es obligatorio. Se puede quedar en el proyecto, contratar mantenimiento con cuota mensual o trabajar con bonos de horas, que es lo que eligen las empresas que tienen algo de capacidad interna y solo quieren respaldo cuando lo necesitan.
¿Cuánto cuesta un proyecto así?
Depende del equipamiento y del alcance, y por eso no ponemos cifras aquí. Lo que sí hacemos es cerrar el precio antes de empezar, con el trabajo detallado, para que no haya sorpresas a mitad.
¿Tiene algo que renovar y le da miedo el parón?
Cuéntenos qué sistema es, de qué horario de producción dispone y qué le preocupa que se rompa. De ahí sale el plan y el presupuesto cerrado. Llámenos al 911 599 883 o escríbanos desde el formulario de contacto.
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